ASUME LIBREMENTE…
…TU RESPONSABILIDAD
Es
fácil echar “balones fuera”. La culpa de todo lo malo que ocurre en el mundo, y
en nuestra sociedad, siempre la tiene el otro. Y, ciertamente, algunas veces la
tiene. Pero nosotros también tenemos nuestra responsabilidad.
Si
nosotros no vivimos comprometidos en nuestra pequeña parcela de vida para hacer
posible un entorno mejor... poco podremos reclamar y exigir a los demás.
Estamos en medio de una pandemia y de una crisis económica mundial sin precedentes.
Sin
embargo, más allá de intentar no perder el norte, tomar precauciones, asimilar
la información de forma clara y de no dejarnos llevar por el alarmismo… hay un
aspecto muy positivo: podemos recuperar la responsabilidad y el bien común
como valor de nuestra sociedad.
En una época profundamente individualista nos encontramos en una situación en la que más que nunca nuestras decisiones cuentan. Tenemos ante nosotros un reto maravilloso: pensar más en el otro, y considerar que muchas de nuestras acciones tendrán repercusión, para bien y para mal, sin saber cuándo ni cómo, en personas que no conocemos.
En
situaciones tan difíciles, como la que estamos viviendo, recordemos que Dios se
hace presente en nuestras vidas, solo hay que estar atentos a su presencia. El
relato bíblico del Génesis nos muestra la cercanía de Dios con Jacob, escapado
de su hermano Esaú y volviendo a su tierra a buscar nuevas posibilidades para
rehacer su vida. Tuvo un sueño que lo transformó e hizo un hombre nuevo. Dios
repite estas palabras que le dijo a Jacob «Estoy contigo, te protegeré a donde
vayas, no te abandonaré» (Gn 28, 15).
Dios
se preocupa por nosotros. Se interesa por mí, por los acontecimientos de mi
vida, por mis dificultades cotidianas que solo yo conozco.
UNA VIEJA HISTORIA … HUELLAS EN
Una noche tuve un sueño... Soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.

Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.
Cuando la última escena pasó
delante de mí, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que
muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la
arena.
Noté también que eso sucedía
en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté
entonces a DIos: "Señor, Tú me dijiste, cuando decidí seguirte, que caminarías
conmigo a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida
había en la arena sólo un par de huellas. No comprendo por qué me dejaste en
las horas en que yo más te necesitaba".
Entonces, Él, clavando en mí
su mirada infinita, me contestó: "Mi querido hijo. Yo te amo y jamás te
abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par
de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".
- ¿Cómo me voy a interesar este año por mis compañeros, mis profesores, mi familia…?
- ¿Cómo mostrarme cercano y conocer mejor a quienes me rodean cuando las circunstancias actuales nos piden que nos “distanciemos”?
- Dios camina con nosotros, a nuestro lado; necesitamos dejarnos llevar por Él, ponernos en sus manos. ¿Hacia dónde dirigiré mis pasos en este curso?
Señor,
Volvemos al
colegio con muchos temores e incertidumbres
Pero también
con ilusión renovada y
unas ganas
tremendas de compartir nuestras esperanzas, miedos, alegrías…
.
Somos
conscientes
de que vivir
hoy en este mundo y en esta sociedad
exige estar
despiertos,
vivir con
intensidad el día a día,
ser uno mismo y
tener criterios propios.
Ayúdanos,
Señor, a trabajar sin desaliento
para superar
juntos esta realidad que nos tocó vivir
Y para poner
todas nuestras capacidades
en hacer otro
mundo distinto,
más solidario y
fraterno.
Que a lo largo del curso
nuestro
esfuerzo y nuestra ilusión no decaigan.
Gracias, Señor,
porque estamos seguros
de contar con
tu ayuda de amigo.
FELIZ CURSO
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