viernes, 8 de mayo de 2015

ORACIÓNS MAIO (2ª SEMANA)

LUNS 11 MAIO. NO NOME DO PAI, DO FILLO E DO  ESPÍRITO SANTO. AMÉN

¿Cuál fue mayor? ¿La alegría de María en Belén o aquella otra de la mañana de Pascua? ¿Cual fue más emotiva la de la Anunciación o, aquella otra, de la visitación a su prima Isabel?
¿Qué alegría fue más radiante? ¿La de las Bodas de Caná ante el agua convertida en vino o la sonrisa que apareció en sus labios en el encuentro con el Resucitado?
Ni mayor, ni menor. En María, todo es alegría y de la buena. Sabía que, en el principio y final de todas las cosas, Dios habitaba y, por lo tanto, sólo restaba el vivir con alegría.
El mundo en el que nos movemos está sembrado de tristezas. Es raro encontrar dos semanas seguidas, dos meses continuos, sin sobresaltos que amenazan nuestra felicidad.
¿Cual fue el secreto de la felicidad de María? Ni más ni menos que DIOS.
Dios estaba inundando todo su ser; lo que era y pensaba, lo que creía y hacía, lo que soñaba y esperaba. María, sabía perfectamente, que la armonía con Dios era fuente de paz y de felicidad.
Algo parecido nos ocurre a muchos de nosotros cuando ponemos a María muy cerca de nuestras batallas, proyectos, ilusiones y trabajos. Sentir su compañía en el caminar, su complicidad en nuestras decisiones, su mano en el día a día, hace que nos sintamos más felices, más contentos, más dispuestos a vivir con optimismo nuestra vida.
¿Es María causa de alegría para nuestra fe? ¿Es motor de sonrisas y de horizontes nobles?
Dejemos ante su imagen estos globos. Quieren simbolizar la alegría de vivir con los colores de la fe y de la esperanza. Como María.

ORACIÓN
Porque necesitamos de una razón para estar alegres:
QUE SEAS TU, MARIA, NUESTRA SONRISA
Porque queremos vivir con más ilusión:
QUE SEAS TU, MARIA, LA RAZÓN DE NUESTRO JUBILO
Porque queremos amar con más tesón:
QUE SEAS TU, MARIA, EL MODELO DE LA ENTREGA
Porque anhelamos buscar a Dios:
QUE SEAS TU, MARIA, UNA PISTA PARA LLEGAR A EL
Porque aspiramos a la auténtica alegría:
QUE NOS LA TRAIGAS TU , MARIA, DESDE EL CIELO
Porque ambicionamos lo que no es importante:
QUE SEAS TU, MARIA, EL SENTIDO COMÚN
DE NUESTROS DESEOS
Porque el desconsuelo nos visita con frecuencia:
QUE SEAS TU, MARIA, VIENTO QUE LO ALEJE
Porque constantemente caemos abatidos:
QUE SEAS TU, MARIA, ALIENTO PARA LEVANTARNOS
Porque no manifestamos el estar contentos con nuestra fe:
INYÉCTANOS VITAMINAS DE ENTUSIASMO
Rezamos un Ave María.



MARTES 12 MAIO. NO NOME DO PAI, DO FILLO E DO  ESPÍRITO SANTO. AMÉN
El rostro de María
Si algo irradia el rostro de María, es serenidad. El rostro de la Nazarena, para nosotros, es afable, importante, y convoca a la fe porque, simplemente, se abrió sin reservas a Dios y aceptó la maternidad de Jesús.
Desde entonces, y han pasado muchos siglos, nuestros pueblos y ciudades, generaciones pretéritas y presentes de cristianos, la han visto como un modelo de referencia para vivir y compartir la misma fe en el Señor que, en María, fue sólida, profunda y verdadera.
¿Qué refleja el rostro de María? El deseo de ser Madre de Jesús
¿Qué nos dice a nosotros? Que, sigue tan vigente en Ella, como en aquel primer día, la indicación de Cristo: "ahí tienes a tus hijos"
En este mes de mayo, nos acercamos a María, porque sabemos que su rostro es una fuente de  felicidad que emana de su corazón: DIOS
Cuando uno tiene a Dios en su corazón, la paz y la armonía, brota a borbotones. El rostro de María, en la Pascua, nos hace entender y comprender la alegría del Señor Resucitado.
Hoy, mirando a la Madre, tal vez escuchemos de sus labios: ¡ha merecido la pena sufrir por Cristo!
Dejamos, ante su imagen, la flor de nuestro agradecimiento a María. Ella es Madre espiritual de todos los que queremos avanzar en el conocimiento  de los sentimientos de Jesús, de su vida y del compromiso cristiano en medio del mundo.
  
ORACIÓN              “EL ROSTRO DE MARIA”


Tu semblante, Virgen María,
aún siendo pobre refleja riqueza.
Tu rostro, Virgen y Madre,
es libro abierto de gozo y de dolor.

Tu semblante, Virgen María,
es compendio de esperanza y de optimismo
Tu rostro, Virgen y Madre,
es dulce por estar tocado por la mano de Dios.

Tu Semblante, Virgen María,
ahonda en las raíces profundas de tu corazón
Tu rostro, Santa María,
es surtidor que salta desde lo más hondo de tus entrañas.

Tu semblante, Madre nuestra,
es llamada a reservar un espacio para Dios
Tu rostro, Virgen y Madre,
es pantalla de lo que vive tu corazón.

Tu semblante, Madre del pueblo,
es fidelidad de tu relación con el Padre
Tu rostro, Santa María,
nos lleva a mirarnos menos a nosotros
y más al Creador.

Sí; Santa María.
No dejes de mirarnos, ni mucho menos de guiarnos,
con la delicadeza y profundidad de tu rostro.
Amén.

Rezamos un Ave María



MIÉRCOLES 13 MAIO. NO NOME DO PAI, DO FILLO E DO  ESPÍRITO SANTO. AMÉN

Las sandalias de María
La imagen que, a veces, podemos tener de María puede ser equivocada o, cuando menos, no del todo real.
¿Sus vestidos serían los que la imaginería han tallado? ¿Su manto tendría tanto bordado? ¿Sus sienes estarían tan decorosamente adornadas por oro y plata?
La piedad popular, el cariño del pueblo, ha ido -en el discurso de los siglos- añadiendo a la sencillez de María, aquello mejor que el pueblo sabía ofrecerle, brindarle y agasajarle.
Sus sandalias, nos recuerdan la máxima evangélica: ¡bienaventurados los pobres! Ella, si seguimos de cerca sus pasos, nos insinúa que el camino para seguirla no es la grandiosidad de una estatua, sino la grandeza del corazón que cree y espera en Dios.
María, lejos de quedar inmortalizada en piedra o lienzo, es un ser vivo que sigue alentando y aconsejando a los amigos de su hijo. A los que quieren descubrir y avanzar por los caminos de Jesucristo.

Ofrecemos, en este mes de las flores, unas sandalias. En ellas habla y se hace presente la pobreza y sencillez de la Virgen.

ORACIÓN

DAME TUS SANDALIAS, MARIA
Quiero sentir el polvo del camino
para llegar hasta Dios desprendido de todo
Quiero fiarme de la Palabra
y no sustentarme en el alimento cotidiano

DAME TUS SANDALIAS, MARIA
Para transformar mi camino
en encuentro personal y definitivo con Dios
Para confiar en Aquel que habla de lo alto
cuando yo me empeño en mirar hacia abajo

DAME TUS SANDALIAS, MARIA
Para ser y vivir un poco como Tú
sin más brújula que tu fe
ni más amparo que  la luz de la luna

DAME TUS SANDALIAS, MARIA
Para decirle a Jesús que, aun con debilidades,
su resurrección es para mí motivo de alegría
llamada a la conversión
oportunidad para una vida nueva
agua fresca en mi existencia oscura y sedienta

DAME TUS SANDALIAS, MARIA
Y, si quieres y puedes,
dime cual es tu paso y tu número
para caminar de igual forma que Tú.
Amén.

Rezamos un Ave María



XOVES 14 MAIO. NO NOME DO PAI, DO FILLO E DO  ESPÍRITO SANTO. AMÉN 
Los brazos de María
¿A quién no le impresiona contemplar, la figura de María, al pie de la cruz? Aquella que, tantas veces, advertiría a Jesús sobre la necesidad de ser fuertes ante las dificultades, ha de estar - ahora ella- con sus brazos abiertos para recoger a Jesús bajado de la cruz.
¡Cuánto se agradecen los brazos extendidos! ¡Y, cuántas veces, brazos cerrados ante el drama de muchas personas!
La alegría de la Pascua, nos hace recordar el detalle evangélico: "al pie de la cruz estaba María". Porque, precisamente sus brazos con la ayuda de otros  -pocos pero privilegiados- fueron los encargados de dejar el grano de trigo, Jesús muerto, en el sepulcro vacío.
Los brazos de María, supieron acariciar a Aquel que estaba llamado a la vida y llamándonos a la eterna vida.
En Belén, los brazos de María, recibieron a Jesús con emoción y pobreza. En el Gólgota, los mismos brazos -tal vez más arrugados, caídos y cansados- apretaron con el mismo amor, a un Cristo humillado y desangrado por la humanidad.
Que María, con sus brazos abiertos, nos ayude a no vivir de espaldas a esas situaciones que reclaman nuestro compromiso activo.
A veces podemos correr el riesgo de pensar que, nuestros brazos, no ayudan en nada; que nadie los nota; que no podemos aligerar penas y sufrimientos.
Lo importante, además de ayudar, es no dejar de intentarlo. No echarse atrás.  Como María, que estemos ahí.
Presentamos, en este día del mes de mayo, estos brazos extendidos. Queremos comprometernos ofreciéndoselos a los demás.

ORACIÓN                          “TUS BRAZOS Y MIS BRAZOS”


Los tuyos, María, siempre abiertos
Los míos, de vez en cuando, cerrados
Tus brazos, María, sosteniendo y animando
Los míos, en algunas ocasiones, echando peso
Tus brazos, María, aguardando
Los míos, a veces, desesperados
Los tuyos, María, acariciando
Los míos, queriendo o sin querer, arañando
Tus brazos, María, contemplando a Cristo
Los míos, María, perdidos en cosas secundarias
Los tuyos, María, arropando y acunando
Los míos, María, vacíos y egoístas
Los tuyos, María, acompañando al que sufre
Los míos, María, volcados en sí mismos
Tus brazos, María, elevados hacia Dios
Los míos, María, buscando las cosas de cada día
Tus brazos, María, empujando hacia adelante
Los míos, María, cansados de la lucha de cada jornada
Tus brazos, María, reconfortando
Los míos, María, abatidos y deseando ser abrazados
¿Dónde el secreto de tus fuertes brazos?
¿Dónde la fuerza que los mantiene eternamente abiertos?
No me lo digas, María, ya losé:
Tus brazos son prolongación
de aquellos otros brazos
que nos aguardan en el cielo: los de Dios.
Amén.

Rezamos un Ave María.

VENRES 15 MAIO. NO NOME DO PAI, DO FILLO E DO  ESPÍRITO SANTO. AMÉN
El gusto de María

El mayor gusto que podemos dar a una madre es, precisamente, ser buenos hijos siguiendo las huellas que ella nos deja para no confundirnos y alcanzar la felicidad de María.
La Pascua, entre otros sabores, dejó en el paladar de María, el gusto por la Resurrección. La pena se convirtió en gozo en la mañana de Pascua; la tristeza se trastornó en alegría, ante el sepulcro vacío; el color negro dio a la blancura pascual, por la presencia de Jesús Resucitado.
Y es que, el gusto de María, fue dar gusto en todo a Dios. Todo lo quiso hacer bien. Sin demasiado ruido pero con certeza; con humildad pero con lo necesario; con obediencia pero conscientemente.
Hoy, ante María, nos podríamos preguntar:
¿Damos gusto a Dios en algo?
¿Es para nosotros un gusto, creer y esperar en Dios?

La insipidez es esa sensación de que "algo falta" en el café de nuestra vida cristiana. Hay que cogerle gusto al evangelio y al seguimiento a Jesús. No podemos dejarnos vencer por una insulsez que nos aparta del placer por las cosas de Dios.
Hoy, ante María y en este mes de mayo, dejamos este azucarero. Que nuestra Madre, María, nos ayude a gustar la presencia de Dios en nuestros días y, también, a dar gusto a Dios con nuestras obras y palabras.

ORACIÓN                 “QUIERO SER AZÚCAR”



QUIERO SER AZÚCAR
Que dé dulzura en medio de la amargura
Que sazone las situaciones enquistadas por el odio
Que facilite la paz y la armonía

QUIERO SER AZÚCAR, MARIA
Diluyéndome para dar sabor a este mundo
Diluyéndome para que Dios sea tomado a pequeños sorbos
Diluyéndome para que Jesús sea más conocido

QUIERO SER AZÚCAR, MARIA
Y que el mundo, de esta manera, sea menos soso
Alcance el punto de la dulzura que el cielo nos propone
Adquiera el aroma de un buen postre divino

QUIERO SER AZÚCAR, MARIA
Para que, como en tu hogar,
nunca falte lo imprescindible frente a lo necesario
Para que, como en tu casa,
no esté ausente la delicadeza frente a lo tosco
Para que, como en tu hogar,
exista la cortesía para Dios que llega

QUIERO SER AZÚCAR, MARIA
Para que otros hombres conozcan el gusto de ser hijos de Dios
Para que se deleiten comiendo la Eucaristía
Para que, la Palabra, sea delicia
antes y después de cada jornada

QUIERO SER AZÚCAR, MARIA
Y, cuando Dios me falte, por lo que sea
vaya corriendo al mostrador del cielo
y, por la oración y la contemplación,
encontrarla y poder comprarla.
Amén.


Rezamos un Ave María.

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